Perdón por incorporarme tan tarde al debate, hasta ahora no he tenido un momento de tranquilidad para sentarme a leer y a ponerme al día de todo lo que tengo pendiente por aquí.
En cuanto a la rigurosidad y la veracidad de lo publicado sobre cualquier cosa en cualquier medio de comunicación es lo de siempre, como en el resto de asuntos de la vida. Hay profesionales y hay no profesionales. El barbarismo de esta periodista haciendo cálculos erróneos y poniéndolos en boca de otro tiene su origen en que ella misma no se ha molestado en pensar sobre lo que escribe. O no ha podido hacerlo. Le dará lo mismo ocho que ochenta. No ha pensado en las consecuencias. No es lo mismo tener, cambiando de ejemplo, una probabilidad de ocho sobre cien de ser despedido del trabajo por ser un incompetente que tenerla de ochenta sobre cien, jaja. Visto así seguro que comprendería su error de apreciación.
Muchas veces todo (y solo) es cuestión de didáctica. Supongo que lo que digo está poco fundamentado filosóficamente hablando, José Luis, pero la pedagogía me hace barrer hacia casa.
Respecto a lo de exponer a los niños o menores en general a los medios de comunicación con su identidad y su rostro, es decir, de modo que puedan ser fácilmente reconocibles y, en el caso que nos ocupa, mucha gente se entere por la tele o la prensa de que son de altas capacidades, mi experiencia es algo ambivalente. Por un lado buena, por otro lado no tan positiva.
Una asociación me puso en contacto con unos periodistas que querían hacer un reportaje para los informativos de una cadena de televisión, de esos que duran ná y menos pero que se meten como "tema especial" del día, y pensé que podría servir para que muchas personas que tal vez no tienen ni idea pudieran al menos abrir un poco los ojos.
Y sí, mucha gente, más de la que yo creía, se cuestionó acerca del tema, me preguntó dudas, inquietudes, etc. De hecho, ese material debe formar parte de un baúl multiusos o algo así, porque lo han emitido varias veces después en las cadenas filiales o como se llamen de esa otra gran cadena a través del TDT...La televisión, por ejemplo, nos guste o no, llega a miles de personas a quienes no hay manera de llegar por otras vías...Afortunada o desgraciadamente hay mucha gente "llana" (por no decir otra palabra) a la que eso de que algo o alguien salga en la tele equivale a importancia. Si algo sale en la tele es importante, así de simplón.
Yo de esto también tengo experiencia por mi colaboración con otra asociación entre cuyos objetivos fundamentales estaba el de concienciar a la gente. Concienciar y concienciar, algo prioritario. Que se oiga hablar de ello, que se comente, que la gente sepa que eso existe, que eso es un problema, que está ahí, que nos afecta, que en ello nos va algo determinante para nuestras vidas. Y a saco...¡A SACO! Tele, prensa, radio...internet. Periodistas, políticos, cualquier agente con responsabilidad en el asunto, directa o indirecta.
Y se consigue. Vaya si se consigue. Eso sí, no he chupado tanto pasillo en mi vida, incluyendo los cientos de horas que he perdido en las salas de espera de los médicos, que ya es. Pero se consigue un efecto multiplicador asombroso. Creo que deberíamos plantearnos esto seriamente. Unas pocas personas golpeando al mismo tiempo y sin descanso en un mismo punto de una pared consiguen hacer una pequeña grieta. Y después viene el agujero, luego el boquete. Trabajo de hormiguitas.
La parte menos positiva de haber colaborado con mis hijos de altas capacidades en la realización de ese reportaje para los informativos es que pierden su anonimato por ejemplo en el colegio, entre sus compañeros de actividades deportivas...Allá donde vayan siempre alguien les dirá "oye, que te vi en la tele, que tú eres superdotado, ¿no?". En mi caso, a la más pequeña le ha dado igual porque no le ha afectado tanto. Pero al otro le ha fastidiado más de una vez. Le han etiquetado. Y eso no es bueno. No cuando se trata de algo que según quién no es capaz de comprender o valorar en su justa medida. Aunque imagino que con un buen respaldo por parte de los adultos que le rodean las cosas serían más fáciles, como siempre. Esto no ha llegado ni muchísimo menos al grado del calvario pasado por otros niños o jóvenes (como los que desgraciadamente conocemos aquí), pero no es agradable, la verdad. Mi hijo llegó a decirme que tal vez había sido un error prestarse voluntario a ese reportaje.
Y eso me intranquiliza. Pero lo hecho, hecho está. Nunca sabré si realmente a alguien le sirvió que colaborásemos con ello.