Desde que mi hijo Samuel empezó a mostrar las primeras "señales", me embargaron sentimientos contradictorios. Como niña de altas capacidades, he vivido en propia carne la frustración, la rebeldía, la falta de interés de mis docentes, la lucha de mis padres por darme lo que necesitaba, y finalmente, el fracaso. Es este un tema que me toca la fibra más sensible, que despierta en mí recuerdos y sensaciones que no siempre son agradables, y que me convierten en una mamá especialmente sensible.
Los padres de estos niños tenemos que luchar en varios frentes. En primer lugar el reconocer ante nosotros mismos lo que tenemos en casa, aceptarlo y creernoslo. No siempre es fácil y a veces supone una lucha interna. En segundo lugar, la búsqueda de opciones y recursos. No contamos con ayuda para ésto, generalmente es algo que tenemos que hacer solos. Después la batalla del centro educativo, en la que llevamos siempre la de perder, por falta de recursos, por falta de interés, por falta también (desgraciadamente) de tiempo. Y la propia lucha con el niño, que por lo general nos plantea retos para los que no estamos preparados.
Yo ahora quiero plantearos este debate: ¿cómo convivís con vuestros sentimientos? ¿cómo lo lleváis? ¿afecta a vuestra vida diaria, supone un problema con vuestra pareja, con el resto de la familia? ¿hay otros hermanos que también paguen las consecuencias, quizá por verse menos atendidos, por sentirse menos "especiales?
Creo que es un aspecto que todavía no se ha discutido, y me encantaría leer vuestras vivencias.
Gracias y saludos desde Mallorca.